Los orígenes de la cerradura

La protección ha sido una necesidad para el hombre desde el comienzo de la humanidad. En la prehistoria, nuestros antepasados protegían sus grutas colocando grandes piedras en las entradas. Los mecanismos de cierre fueron perfeccionándose con los siglos, hasta llegar a los complejos, sofisticados y eficientes sistemas actuales.

Con el desarrollo humano y el aumento de las pertenencias, creció el miedo a los robos y se inició una carrera sin fin, con el objetivo de mejorar los mecanismos de cierre y de protección contra los amigos de lo ajeno.

Se considera al pasador horizontal de madera como el precedente más lejano de la cerradura. Se acoplaba en la parte posterior de la puerta y se deslizaba a través de una guía, hasta encajar en un agujero perforado en la jamba. Para accionar este rudimentario pasador, se empleaba un trozo de metal con un mango recto, una especie de llave primitiva en definitiva. Con el fin de impedir el deslizamiento de la barra, se perforaba un agujero vertical en la hembra y se insertaba una cuña. La tosca llave se encargaba de levantar esta cuña, para liberar el pasador

Los egipcios perfeccionaron el sistema e incorporaron más cuñas. Muchos consideran a esta civilización como la auténtica creadora de la cerradura, gracias a la invención de un tambor de pines que abría las puertas con una especie de tornillo. Más tarde, incorporaron clavijas levantadas por llaves de madera con ranuras. Este tipo de cerraduras median unos 60 centímetros de longitud.

Durante el Imperio Romano comenzaron a aparecer las primeras cerraduras de metal. Además, la gran novedad de la época fue la introducción de obstrucciones, que sólo la llave correcta podía sobrepasar, para abrir la cancela o la puerta en cuestión. Los romanos también inventaron el primer candado en forma de “u”.

En la antigua Grecia tampoco permanecieron ajenos al progreso en materia de cerrajería. Desarrollaron efectivas cerraduras, aunque con un gran inconveniente: las llaves que las abrían eran pesadísimas, una herramienta de grandes dimensiones que muchos llevaban al hombro.

En la Edad Media, los cerrajeros trataron de crear cerraduras inviolables y a prueba de ladrones. En la India se fabricó un cerrojo en forma de pájaro, que escondía bajo las alas el ojo de la cerradura. Todo un juego rompecabezas, que también ayudaba a incrementar la seguridad.

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Ya en 1778, Robert Barron inventó la cerradura de tambor de doble acción, iniciándose, de esta forma, la era moderna de la cerrajería. Joseph Bramah (1784) creó el modelo, que aún mantienen muchos mecanismos actuales. Por último, Linus Yale patentó, en 1848, la cerradura de cilindro compacto.

Mucho ha llovido desde la invención de aquellas primigenias y arcaicas cerraduras. Hoy día y en pleno siglo XXI, empresas como Unceta Cerrajeros en Zaragoza le asesoran en materia de seguridad y ponen a su disposición los más avanzados sistemas de cerrajería.